Escasez mundial de elementos de protección

“Las enfermeras sin batas han comenzado a usar bolsas de basura. Los trabajadores de la salud se están quedando sin máscaras y se les ha dicho que en su lugar usen bufandas o pañuelos”. Esa frase no salió de las noticias colombianas. Es tomada de la edición del 5 de mayo del Business Insider, un medio digital estadounidense, especializado en negocios.

El 26 de marzo, otro artículo del Business Insider tituló: “Enfermera muere en el hospital de Nueva York, donde los trabajadores se ven obligados a usar bolsas de basura como equipo médico protector”. La enfermera trabajaba en Mount Sinai Hospital, una institución con gran prestigio internacional.

Para Hernán Avendaño Cruz, director de Estudios Económicos de Fasecolda, estos dramáticos titulares son una prueba fehaciente de la aguda escasez mundial de equipos de protección personal (EPP). No se trata de Colombia, en el que se está criticando la falta de dotación de equipos de protección a los profesionales de la salud. El problema es global.

“Se critica a las Administradoras de Riesgos Laborales (ARL) porque no han entregado con la velocidad del rayo las dotaciones a las que los obliga el Decreto 488 de la emergencia económica. Pero no se tiene en cuenta cuál es la situación en el mundo; en los prestigiosos hospitales de la primera potencia mundial no logran dar los EPP a los trabajadores de la salud, no por ineficiencia ni por la falta de recursos sino, simplemente, porque no los hay en el mercado”, escribió Avendaño.

Igualmente, mencionó que no hay suficientes EPP en el mercado mundial porque mientras la demanda está desbocada por el coronavirus, la oferta no tiene la capacidad de respuesta.

Para tener una idea de la magnitud de crecimiento de la demanda, las compras de EPP que hace el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para ayudar a los países pobres crecen este año entre 1.000 y 2.000 veces las cantidades adquiridas en 2019.

“El desbalance en el mercado ha generado situaciones como las siguientes, que agravan el problema: prohibición de exportación de EPP y de algunos insumos clave para su fabricación, priorizando las necesidades del país productor; conductas poco amistosas de forzar el desvío de pedidos de un país a otro o incluso de las autoridades regionales a las nacionales; fabricación de productos de baja calidad por actores nuevos que buscan sacar provecho de la situación del mercado; especulación que aumenta la incertidumbre en los negocios, pues incluso pedidos ya pagados pueden ser cancelados intempestivamente porque alguien está dispuesto a pagar el doble o el triple; riesgos de robo, como en el caso de un empresario al que el vendedor le recomendó la contratación de escoltas para una carga de máscaras hasta que llegara a su país”, son algunas de las circunstancias que agudizan el problema descritas por el dirigente gremial.

En ese contexto, se entienden las razones que han llevado a las ARL a no entregar tan rápidamente la cantidad de EPP a que se comprometió con el Gobierno. “Existe la buena voluntad, pero no la buena oferta; por eso las críticas, además de infundadas, no contribuyen a una solución creativa para proteger a médicos y enfermeras del riesgo de contagio”, concluyó.

Fuente: Ferney Arias Jiménez, El Colombiano